En AJ buscamos que los alumnos movilicen sus saberes dentro y fuera de la escuela. Esto significa que puedan aplicar lo que aprenden en diversos contextos; que generen conocimientos y formas de afrontar situaciones de manera flexible y novedosa; y que reflexionen sobre las repercusiones académicas, personales y sociales de estos aprendizajes.

Nuestras investigaciones han demostrado que los alumnos que participan en AJ desarrollan habilidades encaminadas a la colaboración y la convivencia; a la resolución estratégica de problemas; a la búsqueda, selección, evaluación e integración de información; al uso del lenguaje para exponer, organizar y sustentar sus ideas, y argumentar como forma de negociar y lograr consensos; así como a la comprensión y creación de textos con diversos propósitos comunicativos. Al mismo tiempo, aprenden a manejar la tecnología de manera funcional y significativa.

El fortalecimiento y puesta en práctica de estos saberes culturales en una amplia gama de contextos favorecen la participación cada vez más competente y autónoma de los educandos como miembros de su comunidad escolar y extra-escolar. Esto a su vez puede promover, a mediano y largo plazo, el establecimiento de relaciones constructivas con su entorno y con los otros en la familia, el trabajo y la vida societal, lo que conlleva implicaciones significativas para la sustentabilidad de una sociedad democrática.